Solía ver los concursos como una oportunidad.
En aquellas bases faltaba un discurso, el que hablaba de La Ciudad, no sin solucionar el problema de cabida y de mejoras interiores más o menos arreglabes con partidas presupuestarias concretas.
¿Qué podíamos aportar nosotros como arquitectos?
A través de mi experiencia vital como estudiante del IES Miguel de Cervantes Saavedra en Alcázar de San Juan y vecino por lo tanto del IES Juan Bosco, sabía de la peculiaridad de su posicionamiento. El instituto se encuentra estrangulado por un lado por una gran avenida de tráfico rápido, y por el otro por el impresionante Parque Alces y su mítica «pista roja», separados por una gran valla y un pequeño canal de agua de lluvia procendente de las zonas más altas de la localidad.
Podíamos hablar del concepto de Límite y cómo mitigarlo de forma ordenada. Nuestra prioridad por lo tanto era posicionarnos de forma crítica frente a unas bases que auguraban el emplazamiento exacto y la superficie a construir junto a un abrurrido programa por plantas y alturas.
Era una oportunidad para ofrecerle al Parque Alces una fachada, una «primera línea de playa» para que los alumnos y profesores recordasen el privilegio que había sido para ellos estudiar y trabajar en este instituto. Un edificio que por un lado miraría a la vida interior del instituto, a su propio patio, y por el otro al paisaje natural más bonito de Alcázar de San Juan.
Dentro de mitigar y trabajar con el Límite como concepto, y sin perder de vista que el instituto se caracteriza históricamente por ser punta de lanza en la formación de módulos de Grado Superior, Pensamos en que el edificio debería estar volando, de tal modo que se pudiese acceder y salir al mismo por varias entradas: La de siempre, la de la pista roja o la de cruzar el parque, ya que pensábamos que así podría entenderse el Instituto como parte del Parque.
La solución partía por lo tanto de una estructura metálica porticada visible, y de la cual quedaría suspendido el edificio, lo que nos pareció muy adecuado para otorgar identidad y una oportunidad para embellecer y ensanblar valores paisajísticos con memoria, educación y urbanística.
El resto vendría después.